miércoles, 2 de marzo de 2011

Oscuridad , vieja amiga...


"No one knows what is like
to be the bad man
to be the sad man 
behind blue eyes"
Limp Bizkit "Behind Blue eyes"
 
Siempre he contado que esta canción es como la banda sonora de mis momentos más depresivos. Era como la última de una larga lista de canciones que como escalones me iban sumiendo más y más en la oscuridad. Ese lugar al que yo llamo poéticamente "oscuridad", es donde ya no tienes esperanza ni ganas de luchar, donde no te sale una sonrisa de verdad, donde nada te importa  salvo tu propio sufrimiento. Llegué a pasarme tanto tiempo allí, que ya lo sentía como una parte más de mí, me sentía hasta cómoda, no me planteaba que existiera otra forma de despertarse cada mañana que no fuera arrastrándose sin ganas de nada, ni que yo no fuera una persona triste.


Lo peor de todo, es que salir de allí hubiera sido tan fácil como pedir ayuda, con eso ya me habría sentido algo mejor. Pero yo estaba demasiado ensimismada con mi sufrimiento como para darme cuenta de que  había todo un mundo a mi alrededor,  que mi tristeza no tenía porqué ocupar cada rincón de mi vida. 
Con toda aquella oscuridad, era incapaz de vislumbrar las caras conocidas a mi alrededor que me podrían entender o al menos escuchar, ni era capaz de ver las cosas bonitas que a mi alrededor sucedían. 
Yo en cambio, sólo podía pensar en que esto me estaba matando lentamente y que nadie me ayudaba, nadie parecía ser consciente. Me autoconvencía de que aunque pidiera ayuda no serviría de nada, que no lograrían comprenderme. Y eso aumentaba mi tristeza y mi desesperanza, porque me llevaba a pensar que, mientras yo me desintegraba, el mundo parecía girar sin que aquello le importara lo más mínimo.Que daba igual lo que a mi me sucediera, porque estaba completamente sola.

Pero empecé en el grupo de terapia, y la cosa cambió. Me encontré con un montón de gente en la misma oscuridad que yo y me enseñaron cómo combatirla, cómo escalar esos peldaños y dejar que la luz entrara poco a poco en mi día a día. Aprendí que tenía que pedir ayuda y pronto me dí cuenta de que todos tenemos nuestra propia "oscuridad", incluso la gente a la que consideras más feliz del mundo, todos tenemos días grises en los que nos sentimos derrotados por la vida. Y también que curiosamente, a veces el mejor remedio para tu sufrimiento es dejar de pensar en él y centrarte, tomar perspectiva.
Y está claro que a ninguno nos gusta sentirnos tristes, pero precisamente creo que son esos días los que nos forjan como persona. 
Aquellos en los que debes elegir entre pedir que alguien te tienda la mano para ayudarte a salir ;y abrazar la oscuridad y que vuelva a formar parte de tí. 
Y debo asumir que como humana que soy, seguiré cayendo en ella, y luchando, pero la diferencia es que ya conozco el camino de vuelta y que nunca más lucharé sola.


(Este post es 100% autobiográfico, algo más que los otros, pero es un sentimiento que me parecía fundamental explicar en cuanto a mi enfermedad en concreto)



sábado, 26 de febrero de 2011

El día en el que me volveré superheroína ( El alta terapéutica)

"Me da miedo sentirme así, no quiero sentirme insegura nunca más. Tengo miedo de que todo vuelva a empezar, de tener esta misma ansiedad todos los días, como antes. No quiero volver a pasarlo tan mal nunca más"

Esto lo dije hace un par de semanas en grupo, he querido dar un salto en el tiempo porque no me gustaría que nadie se hiciera la idea equivocada de que tengo todo controlado y que ahora soy como una especie de monje budista imperturbable, porque estoy realmente lejos de esa imagen.
Lo cierto es que desde que empiezas en el tratamiento (al menos en el mío) sueñas con esa meta a alcanzar: tu alta, ese día en el que dejes de estar asustado, de sufrir... Entonces, todos tus esfuerzos se verán recompensados. Se piensa tanto en ello que tiendes a idealizarlo, y más que un alta terapéutica parece el día en que nunca más tendrás problemas o en el que te convertirás en un superhéroe, preparado para todo.

Al principio, es algo que te frustra, porque entras con la idea que muchos comparten de que alguien se "cura" de esto en el momento en que es capaz de comerse un plato entero, pero de repente la cruda realidad aparece: enfrente tuyo hay una chica a la que van a dar el alta, y lleva 5 años en terapia. Justo entonces tus esperanzas de terminar con esto en un par de meses se desvanecen y te dices a tí mismo que es demasiado difícil, que esa chica seguro que era más fuerte o más lista y que por eso nunca podrás llegar a donde ella está...
Pero decides darle una oportunidad y empiezas a esforzarte, y al principio sientes que no consigues nada, y que cuanto más escarbas peor se pone el panorama: ahora resulta que no sólo tienes un problema con la comida, sino que también tienes problemas en tus relaciones, tu familia, contigo mismo... Luchas tan fieramente por curarte que idealizas ese momento, pensando que ese será el día en el que por fín podrás descansar, podrás mirar hacia atrás y pensar que mereció la pena, porque ahora estás a salvo de todo aquello que te hacía sufrir.
Pero ya se sabe que la vida es en parte, conflicto. Y eso nadie lo puede dejar atrás, con terapia o sin ella. Entonces de repente, cuando ya estás mejor, un día te sucede algo que te provoca ansiedad, inseguridad... Y simplemente experimentar ese sentimiento te paraliza. Porque has convivido con él mucho tiempo, ha dominado tu vida, y ahí está de nuevo, como un mal recuerdo. Te da miedo porque sabes a dónde te puede llevar y has luchado mucho por salir de ahí.
Aunque no debe pasar de ser un recuerdo, una alerta. Porque si se le hace demasiado caso, puede ser peor. Yo reconozco que muchas veces ha sido peor mi miedo a recaer, a volver a estar como antes, que el sentimiento o la situación en sí.
Así que supongo que es tentador fantasear con no volver a sentirse inseguro nunca más o desarrollar superpoderes, pero la vida no va de eso. La vida va de tener bajones y superarlos, no de no tenerlos.
Y comienzo a comprender que aquel alta del que me hablaban no era una utopía sin miedo ni sufrimiento, sino que más bien se trata de tener la confianza de que llegado el momento, lucharé con las herramientas que he aprendido lo mejor que sepa y de que precisamente como sé hasta dónde me pueden llevar mis impulsos, haré lo que sea necesario para que nunca más vuelvan a dominar mi vida.

martes, 22 de febrero de 2011

En busca de la fórmula de la felicidad: Perfeccionismo

"It's a dangerous way the one that leads to perfection, you can even lose yourself on the road"

Esta frase se me ocurrió un día en clase, y me enamoré de ella porque me pareció una forma sencilla de expresar una necesidad que me ha acompañado desde que tengo memoria : ser perfecta.
 Pero esto no lo inventé yo, es algo que obsesiona y guía las vidas de mucha gente en una búsqueda sin fin, sin retorno. Porque la perfección, como su propia definición implica, es inalcanzable.

Como decía, mi vida, al igual que la de muchos otros, ha estado guiada por la necesidad de hacer todo bien, agradar a todos, ser la mejor alumna, hija, amiga, novia... Incluso, y es gracioso reconocermelo, ser la mejor en curarme de esta enfermedad. Pero, ¿Por qué?
Eso es una buena pregunta para la que yo sólo poseo mi propia experiencia. Creo que cuando vives dominada por el miedo al abandono, al rechazo y dudas constantemente acerca de tu valía personal; cuando vagas entre toda esa inseguridad, buscas algo con lo que poder sostenerte, algo que sea una certeza absoluta, y es ahí cuando aparece la idea de perfección en tu cabeza... Porque, si eres la chica más guapa, lista, divertida, etc. Si eres perfecta, entonces ya no tendrás miedo (porque todo el mundo querría tener a su lado a la "perfecta amiga,compañera..."). Entonces, estarías segura y serías feliz.

De modo que una vez te has contado este cuento a tí misma, te lanzas a la búsqueda de la perfección, pero te das cuenta de que no lo eres, ni mucho menos! Es más, cada pequeño fallo lo observas con lupa, un único error hace que nada de lo que hayas hecho bien merezca la pena. 
Al final resulta que tu perfeccionismo lo único que hace es recordarte aún más lo imperfecta que eres...
Para mí, esto ha sido lo más difícil de superar y el síntoma que más infeliz me ha hecho, porque nunca es suficiente.
Creo que en parte, es difícil de "combatir" porque está de alguna forma bien visto por la sociedad en los estudios o el trabajo, de modo que cuando bajé mi nota de expediente de un impecable 9'8 a un 7, recibí algunas críticas ( aunque nunca de mis padres, para ellos tenía mucho más valor un 7 si venía acompañado de una sonrisa en la cara)

Y por otra parte, porque es una idea que me había acompañado toda la vida, arraigándose más y más, porque realmente parece un razonamiento lógico creer que si la gente prefiere determinadas cualidades, si alguien las poseyera en su grado óptimo, entonces  gustaría a todos, esa persona habría encontrado la fórmula secreta para el éxito.

El ejemplo que siempre pongo al respecto es mi interminable lucha porque se me dieran bien los deportes. Para mí era algo insoportable sentirme torpe o fallar en la clase de gimnasia, aunque en el resto sacara todo 10. Me afectaba tanto que me escabullía de los planes que implicaran algún tipo de actividad física o fingía en clase de gimnasia que lo hacía mal a posta. Pero realmente me frustraba, porque frente a todos mis éxitos, de ser la chica modelo, frente a todos mis esfuerzos por ser la mejor en todo, esa cosa se me resistía. Y esa única cosa hacía que el resto no valiera nada en mi cabeza, porque sólo podía pensar en ella.
Me gustaría poder decir que es algo que he superado totalmente, pero lo cierto es que de vez en cuando me atacan esos sentimientos de autoexigencia sin límites, supongo que será algo con lo que tendré que luchar hasta el final.

Lo que sí puedo decir con seguridad es que empecé a "curarme" de esto el día en que me di cuenta de que si alguien te quería, no importaban tus defectos, porque para esa persona eras aún más perfecta con todas tus imperfecciones.

(Siento el retraso, he estado sin internet y luego de viaje...No volverá a pasar, prometido! Un besito enorme!)

miércoles, 19 de enero de 2011

Empieza el camino...

"WHEN I WAS YOUNGER, SO MUCH YOUNGER THAN TODAY
I NEVER NEEDED ANYBODYS HELP IN ANY WAY
AND NOW THESE DAYS ARE GONE, IM NOT SO SELF ASSURED
NOW I FIND IVE CHANGED MY MIND
IVE OPENED UP THE DOORS

HELP ME IF YOU CAN, IM FEELING DOWN
AND I DO APPRECIATE YOU BEING ROUND
HELP ME GET MY FEET BACK ON THE GROUND
WONT YOU PLEASE PLEASE HELP ME?" (The Beatles "HELP!")
 
A parte de ser una gran fan de los Beatles, esta canción me ha parecido estupenda para  comenzar esta entrada. Me gustaría hacer un paréntesis para hablar de algo un poco más esperanzador que tanto síntoma: el inicio de una terapia.
Afortunadamente, esta enfermedad tiene cura, aunque desde luego no es un camino de rosas. Creo que luchar contra esto ha sido lo más difícil que he tenido que hacer en mi vida, aunque tambien sé que por eso mismo el día en que me den el alta definitiva seré mucho más feliz que en mi graduación. 
El inicio sobre todo es muy dificil para muchos ya que no reconocen tener una enfermedad real, piensan que ese es su carácter o que es algo que "pueden controlar". Lo más común es que vayan arrastrados por sus padres a un centro o que sean sus propios amigos los que "se chiven" a los padres porque ven que necesitan ayuda (Menos mal que hay amigos dispuestos a soportar tus reproches con tal de que tú estés bien...) 
 
Lo cierto es que este no fue mi caso. Yo fui la que pedí ayuda, en el fondo intuía que algo pasaba conmigo. Pero la verdad es que no sabía lo que me esperaba, no tenía ni idea de hasta qué punto las cosas no iban bien y la de aspectos de mi vida que la enfermedad se estaba llevando por delante: mi familia, mis relaciones con los demás, los estudios... 
Recuerdo perfectamente mi primera cita en el centro, llegar a una consulta y empezar a contarle con todo detalle a una perfecta extraña cosas que ni siquiera me había dicho a mí misma en voz alta. Todas aquellas cosas que prefería obviar porque era más fácil eso que intentar arreglarlas, esas otras que me daba hasta vergüenza admitir como ,por ejemplo, las autolesiones, ya que las consideraba algo demasiado oscuro y fuera de lo normal cuando, ojalá fueran más extrañas (la de gente que a raíz de mi problema me ha confesado que alguna vez se ha autolesionado...). 
Y ante todo hacerme una promesa a mí misma y a esa mujer, que lucharía contra mis impulsos.
 
Así que empecé el tratamiento y mi vida se llenó de estrictas pautas: no puedes elegir nada de lo que comes, no puedes ir sola al baño, no puedes pesarte, no puedes llevar dinero encima... Entre otras muchas que conformaban una lista que casi me provoca un paro cardíaco al conocer. Entonces comenzó la batalla en mi cabeza, entre la parte que llevaba tanto tiempo funcionando mal que no conocía otra forma y se negaba a cambiar, y a la que me gustaba llamar "mi parte cuerda" que sabía que tenía que esforzarse para salir de ese agujero. 
 Lo que más recuerdo de aquellos primeros meses de terapia era que mi cuerpo se volvía loco, las digestiones eran todo un desafío y sobre todo tenía hambre todo el tiempo. Realmente pensaba que me querían matar de inanición (tienes que comer cada 3 horas y algo elegido por otra persona), hasta que me explicaron que eso que sentía no era hambre, sino ansiedad. 
Mi cuerpo tenía tan asociada la comida a mis emociones que creo que todo lo arreglaba así, de ahí el hambre constante. 
Tenía que empezar a ignorar los mensajes que mi cuerpo me mandaba, o mas bien, a aprender a interpretarlos de otra forma.
 
La falta de control me ponía frenética y me hacía sentir vulnerable, ya que cuando utilizas la comida como vía de escape, nunca te enfrentas sola al 100% a las cosas, siempre tienes una salida de emergencia para calmar tu ansiedad o simplemente para escabullirte. Con lo cual, que te cierren a la fuerza esa puerta es traumático y cuesta acostumbrarse a encarar la vida sin "salida de emergencia". 
Claro que al principio no siempre conseguía reprimir mis impulsos, de hecho también me avisaron de que tendría recaídas y que esto era una parte normal del proceso. Creo que esa es una de las grandes enseñanzas que le debo a mi terapia: Es normal tropezarte lo importante es cómo te levantas, eso es lo que realmente habla de cómo eres.
Otra gran enseñanza es la que todos necesitamos ayuda en algún momento y que no es más fuerte el que nunca la pide ni muestra sus debilidades, sino el que reconoce cuando algo le sobrepasa y necesita que le echen una mano para resolverlo o simplemente desahogarse. Con el tratamiento tienes que aprender a pedir ayuda a marchas forzadas, ya que al tener tantas restricciones, necesitas mucho más a los demás. Y a pesar de que al principio te parece un triunfo, lo cierto es que te das cuenta de que a la gente le encanta sentirse útil y que puede ayudarte. Y desde luego, es gracias a ellos por los que saldrás adelante.
En resumen, empecé llena de dudas, sin saber cómo acabaría la historia y desde luego sin poder imaginarme la de cosas que he logrado. Citando a mi psicóloga: "Esto va a ser una carrera de fondo, querrás desistir, tendrás recaídas...Va a ser muy duro" Y lo fue, pero desde luego, mereció la pena.
 

jueves, 13 de enero de 2011

I lock the door to my own cell and I lost the key...

"Lo he vuelto a hacer. Vuelvo a estar encerrada en la jaulita de cristal que yo misma me construí para protegerme del mundo, de los demás. Soy la chica de la eterna sonrisa pero nadie sabe qué hay detrás. Soy una farsante, una niña asustada encogida detrás de la gran imagen, la gran máscara que me he fabricado. Y no quiero salir, me da demasiado miedo."

Para empezar esta entrada he querido volver a citarme a mí misma, encontré este fragmento en mi agenda de 4º de la ESO (justo cuando empezaron a agravarse los síntomas) y me parece que explica lo que sin duda es uno de los sentimientos más complicados y contradictorios que he tenido en mi vida. Por eso, pido perdón de antemano porque no sé si seré capaz de ponerlo por escrito, pero lo intentaré.
Creo que una de las peores cosas que me pasaron con este problema es el aislamiento, esa sensación de soledad e incomprensión por parte de los otros. En mi vida me he vuelto a sentir así y no se lo deseo a nadie.

El núcleo de esto es una baja autoestima (y esto lo repetiré hasta la saciedad) y por ello tienes la sensación de que no caes bien, que no eres lo suficientemente interesante o que es imposible que los demás te quieran.
Basas tu autoestima en lo que los demás opinen o digan de tí, y como os podeis imaginar, esto es muy voluble. Cualquier pequeña mirada o gesto puede ser interpretada como un rechazo y en esto, debo reconocer que somos muy egocéntricos. Recuerdo entrar en mi pasillo de 4º y notar como la gente me miraba con desprecio, cómo cuchicheaban... Ahora me sorprende que tuviera esa idea tan marcada y un poco paranoide de que todos me miraban, como si no tuvieran mejores cosas que hacer... Pero en ese momento me lo creía y me hacía sufrir muchísimo, porque el rechazo no lo interpretaba como una persona sana, a mí un rechazo o que no me quisieran significaba la pérdida total de mi empobrecida autoestima.
Por este miedo a el rechazo, a no ser querido o aceptado, te alejas voluntariamente de los demás, ya sea totalmente, o como yo lo hacía, dando una imagen superficial y absolutamente controlada. Mostrando sólo lo que creía que los demás querían ver, cambiando dependiendo de con quien estuviera para así agradar a todos. Pero pasan dos cosas:
- Resulta que al ocultar tu verdadero yo a los demás, te sientes un farsante y esto hace que incluso cuando alguien muestra interés en tí, pienses que es por esa máscara y no por tí y esto retroalimente tu idea de que en realidad no vales nada, ya que los demás sólo pueden quererte si les muestras lo que quieren ver, si eres la amiga perfecta,la novia perfecta,la hija perfecta...
- Y al crearte esa imagen de tu super-yo que enseñas a los demás, acrecentas la diferencia entre ese yo ideal (irrealizable) y quien eres en verdad. Pensemos que si alguien cree que es tonto y encima compara sus resultados de CI con los de Einstein, se sentirá aún más tonto. Así tu autoimagen se deteriora aún más al tener la comparación permanente entre tu super-yo y tu yo real (que como el de todos,tiene defectos)
 Además,desde fuera, una persona que nunca se moja en las discusiones o que se muestra siempre tan controlada crea desconfianza y no es comprendida. Al crear una distancia con los demás, no les dejas acceder a conocerte más profundamente. Así, al final, por evitar un posible rechazo, terminas aislandote y encerrándote donde nadie te pueda hacer daño, pero tampoco donde nadie te pueda querer.
Por último, y esto es lo más complejo de explicar, existe una gran contradicción en cuanto a esto. Por un lado, desearías gritar pidiendo ayuda y que alguien te quiera, pero por otro lado no te atreves a quitarte esa coraza, esa máscara y mostrarte lo suficientemente vulnerable como para que eso suceda.

Bueno,creo que lo he logrado...Vaya parto!
Un besito,
Butterfly

jueves, 6 de enero de 2011

pongamos que hablo de comida

Al hablar de este problema, la primera definición que suele venir a la cabeza es "es que se ven gordos y por eso no comen, pero en realidad no lo están". Esto no es para nada así, pero no debemos culpar a la gente pues el propio nombre "trastornos alimentarios" incita a pensar esto. Ojalá fuera así de simple, ya que dicho de esta forma parece más un problema de visión que un problema mental. De hecho,mis compañeros de grupo y yo solemos bromear sobre esto "tío, yo creo que con que me operen las córneas,se me pasa" (un poco de humor negro nunca está de más).

Lo cierto es que en un primer momento de la enfermedad y de su tratamiento la comida y la imagen tienen mucho peso y tambien son los síntomas más característicos y llamativos. Pero no son ni mucho menos el eje central del problema, más bien son la cubierta que se le pone a todo eso que no puedes o no quieres afrontar, cosas que están tan ocultas o llevan tanto tiempo contigo que ni te planteas el daño que te hacen.
Todo parte de una baja autoestima, un sentimiento de que no puedes con todo lo que esta vida conlleva. Sientes que tu felicidad no depende de tí, de hecho,creo que el recuerdo más fuerte de esa época es el de sentirme muy deprimida. Pero no como cuando tienes un día malo o una racha mala, era mi estado natural, yo en mí misma era gris. Entonces,en este estado de desesperación, de descontrol de tu vida, te agarras a un clavo ardiente. Y ese clavo, en mi caso y en el de otra gente fue obsesionarme con un físico imposible y con la comida.
Siempre he creído que mi trastorno es como una drogadicción, porque realmente "te enganchas" con  facilidad a ello y con la "ventaja" de que nadie te mira raro si compras un montón de bollos en una tienda, si inicias un estricto régimen o si vas al gimnasio todos los días. Son comportamientos que de por sí no están mal, ni son un tabú, pero que pueden convertirse en otra cosa.
Te enganchas con facilidad porque sientes que por fín tomas el control, al menos de una parte de tu vida, aunque este control es algo ficticio, ya que sigues colocando tu posible felicidad en algo ajeno a tí, solo que en este caso es una meta ( un peso determinado, una talla determinada,etc). A esto se le suman dos cosas:
-  Los atracones, vómitos y la restricción de alimentos tienen efectos bastante ansiolíticos. En el caso de los primeros porque al comer estimulamos centros del placer, y los segundos porque suponen tanto esfuerzo o tu organismo está tan débil que "ahorra energía" lo que produce una sensación de relajación. Claramente se trata de una relajación efímera, un pequeño momento de paz detro de la tormenta, después vuelves a caer, si no al sitio de donde viniste, aun más profundo.
- Por otro lado,  para nuestra sociedad la pérdida de peso es algo considerado como una pequeña victoria. Al conseguirlo, tienes una sensación de éxito que no podrás conseguir tan sencillamente en otros campos de tu vida. Por eso, la pérdida de peso al final no entiende de "metas", sino que se convierte en un tema de superación personal, algo adictivo.


Seguramente, leyendo esto se podría pensar que es posible ser feliz así, aunque sea persiguiendo modelos inalcanzables. Pero lo cierto es que como bien dije antes, los momentos de "felicidad" que proporciona esta enfermedad son muy cortos.
Y van seguidos de una sensación de culpabilidad que te taladra. Yo siempre tiré más hacia la bulimia (aunque insisto en que no me gusta hacer distinciones) y recuerdo que tras darme atracones siempre me sentía aún peor que antes, porque no podía controlarlo, porque me daba asco, porque me sentía un bicho raro. Porque una vez más la enfermedad me había ganado el pulso, había sacrificado mi posible felicidad futura por un vacío momento de paz.
Y lo peor de todo, es que sabía que la próxima vez que tuviera ganas, volvería a ceder. Porque es un deseo inhumano, como el mono y en el fondo no quieres luchar contra ello, porque no conoces otra forma de enfrentarte a tu vida.

miércoles, 5 de enero de 2011

Viaje al pasado

"Deberia ser sincera, al menos conmigo misma. No puedo más, mi YO se ha ido de este lugar, o está ya tan enterrado que ni se queja. Quiero huir, hacerme daño, cualquier cosa que alivie esta sensación. Pero no puedo, no quiero hacerle eso a mi madre ni a la gente para la que significo algo, pero es que vuelvo a ser la misma fachada vacía y a estar encerrada en mí misma y a sentirme sola. Me cansó de ser así, de estar mal, de que no me entiendan. Tengo tantas ganas de tirarlo todo a la mierda..."

Esto lo escribí hará unos 3 años y medio, estaba en el peor momento de bajón que había sufrido hasta la fecha. Parece que ha pasado una vida desde esta chica de 17 años angustiada y yo... Pero somos la misma persona, a veces me cuesta creerlo, siento como si no lo fueramos, como si un espíritu me hubiera poseído.
Tengo muchos escritos de esa época, tal vez ponga alguno más aquí porque son bastante ilustrativos. Desde niña me encanta escribir, pero reconozco que hace mucho que no lo hago. Sobre todo lo utilizaba para desahogarme, así que me costó mucho tiempo volver a escribir porque no sabía como hacerlo sin estar triste. Tampoco podía hacerlo si tenía la menor sospecha de que lo que estaba escribiendo no era una obra de arte, así que reconozco que esto supone un doble esfuerzo: por volver a acostumbrarme a escribir y por viajar al pasado a bucear en esa parte oscura que tanto me he esforzado por enterrar para que no siguiera haciéndome daño. Pero creo que es la hora, ha llegado el momento de coger mi doloroso pasado y hacer de ello algo bonito, algo que pueda ayudar a los demás.
Lo que más recuerdo de aquellos días es sentirme sola, desesperada pensando que nadie podría comprenderme o que nadie sabía lo que era sufrir como yo lo hacía.
Por eso quiero hacer esto, porque nadie debería sentir esa soledad tan terrible y tan falsa, porque sólo está solo el que quiere estarlo. Por eso es importante compartir esto, porque todo el mundo tiene su drama, pero si lo compartes te das cuenta de ello y tu carga se hace más ligera. El ser humano no puede estar solo, tan solo cree estarlo.
Creo que como inicio está bien. Hasta otra,
Butterfly